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Prólogo

Delgadez engordante de labios, embriagante de calóricas vigilias, hay libros que dejan los ojos encinta. Juan Morales de la Garza es un poeta en lo ancho y lo largo del hombre, y emociona. En Dorso desviste su túnica de sangre hirviente, en Mientras hace caminar a la sombra de un árbol, en Índice señala con el dedo el destino amoroso de la cumbre que

investiga. Y de La tinta del tinto viaja hacia un hilo que pende de un hombro hasta que atardece en una cadera. Así lo dice el poeta en este octavo libro suyo, así lo vuela Juan en su bitácora de oníricas lujurias, así lo amasa en sus manos bañadas de musa.

 

La pasión literaria de un artista grave, gravitante, arquea los ojos en llamas de un lector desprevenido. Con los iris rojos, pues, aplaudo su obra como quien celebra la inspiración.

 

Se nota el oficio, se delata la anarquía disciplinada de quien pone el empeño y la espalda al servicio de un viaje de letras que luego convida llevándolo a uno de paseo por debajo de las faldas de la piel reveladora.

 

El placer consiste en leer los goces ajenos cuando estos se manifiestan con maestría simétrica. Y el poeta aquí, el alado, lo afirma con imágenes y palabras que lo silencian todo. ¿Vamos?, vamos. Leyendo y releyendo Delgadez me voy de tragos, de sorbos, de rumiantes agasajos de poesía hasta el sobrepeso de las tripas que en el alma anidan.

 

Baila la mirada escalando de verso en verso, Juan, baila a tu ritmo con feliz sobredosis de cimas.

Enrique Nanti

 

No duele el amor,

no duele sentir y saberse así,

agita el viento del apego,

sacude la tormenta del ego,

pero no duele el amor,

hieren las cosas que nunca fueron,

las que arrastras en el hubiera,

o las que empujas en el pudo ser,

pero no duele el amor.

si a cada paso amaste,

saldaste la deuda en la esperanza cumplida, y nada ni nadie,

ni soles ni lunas,

ni ayeres o mañanas,

podrán reclamarte nada,

porque nunca duele el amor.

No duele el amor.

Te recuerdo en la médula del alma con los alientos de cada suspiro y el brillo de tu mirar... sí que estás presente, y gozo tu existencia aun en la distancia, y no me dueles, no causas daño alguno, porque no necesita el alma excusas, ya te he vivido sin cadenas... simplemente te recuerdo.

Te recuerdo

Delgadez.

Altiva traes tu gracia,

y ahora me ato a ti,

de tu cuello pendo beso tras eslabón

y beso tras eslabón, uno y muchos más,

rodeo tu delgadez.

Finalmente me adhiero,

agitada me detienes un segundo

tan sólo para mirarme un instante,

ofreciéndote de nueva cuenta.

Delgadez Fotografía y Poesía

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